jueves, 27 de febrero de 2014

           
La globalización en la cultura
 La globalización es un proceso que no se remite solamente al ámbito económico, ya que si bien es cierto que se caracteriza por abogar en pro de la liberalización económica, por la apertura de las fronteras estatales, por la libre circulación de mercancías o bien por potenciar el consumismo. El mayor triunfo del mercado, no sólo ha sido económico sino también cultural, “pues se ha convertido en esquema estructurador de la mayor parte de nuestras organizaciones, en el modelo general de las actividades y de la vida en sociedad.”[1]
Con base en lo anterior, se puede señalar que otro de los grandes objetivos de la globalización, es justamente el de promover una cultura universal  o bien como diría Lipovetsky una cultura mundo, cuyas lógicas estructurales “contribuyen a difundir por todo el planeta una cultura común, objetivos y modos de consumo similares, normas y contenidos universales, esquemas de pensamiento y de conducta que no tienen fronteras.”[2] En sí, la cultura mundo debería de “ser el instrumento de la prosperidad: pero ha acarreado desigualdades extremas, desempleo masivo, degradación de categorías profesionales.”[3] Por otra parte el  autor Sosa Fuentes lo califica como “un proceso dialéctico, contradictorio, desigual heterogéneo, discontinuo, asincrónico de naturaleza estructural de largo plazo.”[4]
Lo que busca la cultura mundo es que haya una homogenización de la cultura a nivel global por medio de la promoción de los valores anteriormente mencionados. Hasta el día de hoy se puede decir que si ha habido un avance de la globalización en el aspecto cultural a lo largo del mundo ya que distintas sociedades han sido trastocadas por lo valores que impulsa la cultura mundo, como por ejemplo en el ámbito alimenticio, en el de la vestimenta, en la forma de organización política, en el consumismo, entre otros. Todo lo anterior, ha permeado y ha tenido efectos en su forma de organización, en la forma en que ellos se conciben como individuos, en sus costumbres, en sus tradiciones, en cómo interactúan con el resto de la sociedad y en lo más importante, en su identidad.


[1]Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin. “El reino de la hipercultura” y “Globalización y Occidentalización” en Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin. El Occidente globalizado. Un debate sobre la cultura planetaria. Editorial Anagrama, Barcelona, 2011, p. 23
[2] Ibid p.17
[3] Ibid p.27
[4] Samuel, Sosa Fuentes, “Globalización e identidad cultural: democracia y desarrollo” en Kaos Internacional: Revista Independiente de Análisis Internacional. Año II, Vol. II, Núm. 9, Paradigma de Actividades Científicas y Culturales, S. C, México, abril-junio de 2000, p. 21

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