La globalización en la cultura
La globalización es un proceso que
no se remite solamente al ámbito económico, ya que si bien es cierto que se
caracteriza por abogar en pro de la liberalización económica, por la apertura
de las fronteras estatales, por la libre circulación de mercancías o bien por
potenciar el consumismo. El mayor triunfo del mercado, no sólo ha sido
económico sino también cultural, “pues se ha convertido en esquema
estructurador de la mayor parte de nuestras organizaciones, en el modelo
general de las actividades y de la vida en sociedad.”[1]
Con base en lo anterior, se puede señalar que otro
de los grandes objetivos de la globalización, es justamente el de promover una
cultura universal o bien como diría
Lipovetsky una cultura mundo, cuyas lógicas
estructurales “contribuyen a difundir por todo el planeta una cultura común,
objetivos y modos de consumo similares, normas y contenidos universales,
esquemas de pensamiento y de conducta que no tienen fronteras.”[2]
En sí, la cultura mundo debería de “ser
el instrumento de la prosperidad: pero ha acarreado desigualdades extremas,
desempleo masivo, degradación de categorías profesionales.”[3]
Por otra parte el autor Sosa Fuentes lo
califica como “un proceso dialéctico, contradictorio, desigual heterogéneo,
discontinuo, asincrónico de naturaleza estructural de largo plazo.”[4]
Lo que busca la cultura
mundo es que haya una homogenización de la cultura a nivel global por medio
de la promoción de los valores anteriormente mencionados. Hasta el día de hoy
se puede decir que si ha habido un avance de la globalización en el aspecto
cultural a lo largo del mundo ya que distintas sociedades han sido trastocadas
por lo valores que impulsa la cultura
mundo, como por ejemplo en el ámbito alimenticio, en el de la vestimenta,
en la forma de organización política, en el consumismo, entre otros. Todo lo
anterior, ha permeado y ha tenido efectos en su forma de organización, en la
forma en que ellos se conciben como individuos, en sus costumbres, en sus tradiciones,
en cómo interactúan con el resto de la sociedad y en lo más importante, en su
identidad.
[1]Gilles
Lipovetsky y Hervé Juvin. “El reino de la hipercultura” y “Globalización y
Occidentalización” en Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin. El Occidente
globalizado. Un debate sobre la cultura planetaria. Editorial Anagrama, Barcelona,
2011, p. 23
[2]
Ibid p.17
[3]
Ibid p.27
[4]
Samuel, Sosa Fuentes, “Globalización e identidad cultural: democracia y
desarrollo” en Kaos Internacional: Revista Independiente de Análisis Internacional.
Año II, Vol. II, Núm. 9, Paradigma de Actividades Científicas y Culturales, S.
C, México, abril-junio de 2000, p. 21